Historias de la Justicia: Nunca se puede asegurar una sentencia

Fuente: CGPJ

En alguna ocasión este espacio hemos hablado de los juicios rápidos y los juicios inmediatos de faltas, que son procesos de corta duración, cuyo objetivo primordial evitar demoras en la tramitación de asuntos por infracciones penales de menor gravedad, ofreciendo una protección más directa y ágil a las víctimas.

Pero por muy rápidos sean, eso no quiere decir que haya que tomarse las cosas a la ligera. Como narran Javier Ronda y Jorge Muñoz en su libro “De juzgado de guardia”, cuando nos cuentan el caso de un hombre acusado de injurias contra su vecino.

Antes del inicio del juicio de la vista oral. El abogado le comentó a su cliente que no se preocupara, que el caso pintaba bien porque, como los insultos siempre se habían producido cuando ambos estaban a solas, sin la presencia de testigos, no debería haber más problemas.

Vamos, que iba a quedar absuelto por falta de pruebas, dado que era la palabra de la víctima u ofendido contra la del acusado, por lo que ante la ausencia de otras personas que pudieran acreditar lo realmente ocurrido, simplemente debía limitarse a negar los cargos cuando declarase.

Una vez iniciado el juicio, el primero e intervenir fue el fiscal, que interrogó al procesado:

- ¿No es cierto que usted ha insultado en reiteradas ocasiones a su vecino?, le interpeló el representante del Ministerio Público.

- Sí, respondió el ciudadano en tono burlón. Le llamé hijo de puta, cabrón…¡Pero como no hay testigos!.

Al abogado le cambió el gesto, no había calibrado que su cliente, podría con su intervención dar al traste con su planteamiento del juicio.

La condena fue rotunda. Pocas veces un fiscal tuvo tan poco que hacer para lograr una sentencia condenatoria tan fácil. Lo peor fue el enojo con el que se marchó el acusado, que pensaba que le habían tomado el pelo.

Sobre todo porque su abogado prácticamente le había garantizado una condena favorable por la ausencia de testigos. Claro que el abogado no contaba con la torpeza de su defendido, quien además, al tratarse de un juicio rápido, se llevó la sentencia a casa en el mismo acto.