Condena al BBVA a indemnizar las pérdidas sufridos por unos clientes que, a propuesta del banco, adquirieron participaciones preferentes de LEHMAN BROTHERS

Fuente: La Ley.

(TS Sala Primera, de lo Civil, S 244/2013, 18 Abr. Ponente: Sarazá Jimena, Rafael)

El Tribunal Supremo condena al BBVA a indemnizar las pérdidas sufridas por unos clientes que concertaron con dicha entidad un contrato de gestión discrecional e individualizada de carteras de inversión, y en el marco de dicho contrato, y a propuesta del banco, adquirieron participaciones preferentes de la entidad LEHMAN BROTHERS, luego quebrada.

La Sala comienza señalando que el esquema del contrato suscrito entre los litigantes responde fundamentalmente al mandato o comisión mercantil, y que aunque dicho contrato carece de una regulación específica y detallada de su aspecto jurídico-privado, tanto la Ley del Mercado de Valores, como la normativa reglamentaria que la desarrolla y algunas normas comunitarias han regulado los requisitos que han de cumplir las entidades que se dediquen a la gestión de carteras de inversión, su organización interna y código de conducta. Este régimen jurídico impone a las empresas que prestan servicios de gestión discrecional de carteras de inversión, la obligación de recabar información a sus clientes sobre su situación financiera, experiencia inversora y objetivos de inversión, y la de suministrar con la debida diligencia a los clientes cuyas carteras de inversión gestionan una información clara y transparente, completa, concreta y de fácil comprensión para los mismos, haciendo hincapié en los riesgos que cada operación conlleva, muy especialmente en los productos financieros de alto riesgo.

Pues bien, en este caso, la Sala considera que el BBVA no actuó de buena fe ni cumplió la obligación de facilitar información a los demandantes conforme al estándar de conducta exigido al profesional por la mencionada normativa y ello porque en el contrato existía una contradicción evidente ya que los actores optaron por un perfil de riesgo muy bajo, que era el más conservador de los cinco posibles, y la empleada del banco que les atendió marcó a continuación las casillas que posibilitaban invertir en valores de riesgo elevado. Contradicción que no ha sido explicada ni resuelta. Además, los términos empleados en el contrato para advertir del riesgo de determinados productos no cumplían las exigencias de claridad y precisión en la información ya que en ellos se contenían vaguedades o declaraciones, no de voluntad, sino de conocimiento que se revelan como fórmulas predispuestas por el profesional vacías de contenido real al resultar contradichas por los hechos.

Tampoco puede considerarse cumplido, según el Tribunal, el estándar de información exigido por la normativa del mercado de valores por el hecho de que: a) la empleada del banco se ofreciera a facilitar los datos que se le pidieran. La obligación de información que establece la normativa legal es una obligación activa, no de mera disponibilidad; b) el codemandante fuera empresario o estuviera acompañado del asesor laboral y contable de las empresas de las que era administrador; c) el banco informara a los demandantes de haber adquirido para ellos las participaciones preferentes y les remitiera informaciones periódicas sobre la evolución de la inversión, pues tal información no contenía los datos necesarios para que los demandantes pudieran saber que los productos no se ajustaban al perfil de riesgo muy bajo por el que habían optado; y d) los demandantes hayan conservado participaciones preferentes de BNP adquiridas junto con las de Lehman Brothers.

Por todo ello, concluye el Alto Tribunal que el banco no cumplió el estándar de diligencia, buena fe e información completa, clara y precisa que le era exigible al proponer a los demandantes la adquisición de unos valores complejos y de alto riesgo sin explicarles que los mismos no eran coherentes con su perfil de riesgo muy bajo como inversores. Este incumplimiento constituye el título jurídico de imputación de responsabilidad por los daños sufridos por tales clientes como consecuencia de la pérdida casi absoluta de valor de las participaciones adquiridas.