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Revocada la condena para el conductor que colisionó por alcance con el vehículo que le precedía y no paró para realizar el parte amistoso

Fuente: La Ley.

(AP Burgos, Secc. 1ª, S 363/2013, 4 Sep. Ponente: Marín Ibáñez, Francisco Manuel)

El Juzgado de Instrucción nº 1 de Aranda de Duero condenó al acusado por una falta de imprudencia leve con resultado de lesiones y daños derivada del accidente provocado por la colisión del vehículo que conducía contra el que le precedía, en zona urbana, cuando aquél se había detenido ante un semáforo por encontrarse aquél en fase roja. A pesar de golpearle por alcance, de forma leve, con su parte delantera, en la parte central trasera del vehículo de la víctima, continuó su marcha optando por no parar y marcharse del lugar, todo lo cual fue observado por varios testigos que tomaron su matrícula. Como consecuencia del golpe recibido, la víctima sufrió un traumatismo cervical que requirió de tratamiento rehabilitador, y su vehículo sufrió una serie de daños materiales en su paragolpes trasero.

Disconforme el acusado con el fallo de instancia, plantea recurso de apelación, del que conoce la AP Burgos, denunciando vulneración del principio de presunción de inocencia y del principio de intervención mínima del derecho penal.

Respecto a la primera queja, alega el acusado que todos los testigos aprendieron de memoria la matrícula de un Citroen Xantia color gris, pero sin que en ningún momento le reconocieran a él, sin ningún género de dudas, como la persona que conducía dicho vehículo, imposibilitando la prueba de la autoría. No obstante, la Sala descarta esta argumentación y considera que la identificación del turismo causante, por matrícula y marca, es prueba de cargo suficiente, máxime cuando el acusado no aporta prueba de descargo alguna en su favor. Por el contrario, desde su declaración instructora sostuvo que era el conductor habitual del turismo, no justificando en forma alguna que el día y hora de los hechos fuese conducido por tercera persona. Recuerda la Audiencia que si bien es cierto que el acusado no viene obligado a acreditar mediante una prueba diabólica de hechos negativos su inocencia, no es menos cierto que deberá soportar las consecuencias negativas derivadas de su inactividad probatoria o de la falsedad de sus coartadas; la defensa no debe limitarse a adoptar un posicionamiento meramente pasivo o de mero rechazo de la acusación, sino que debe intervenir activamente en relación a la acreditación de aquéllos hechos que pueden favorecer sus pretensiones.

El segundo motivo de impugnación, referido a la existencia de una mera infracción civil por culpa extracontractual o aquiliana y no de una penal por negligencia leve, sí es acogido por la Sala, redundando en la revocación de la sentencia de instancia y el dictado de nuevo fallo absolutorio.

Explica la Sala que para configurar la imprudencia penal frente a la negligencia civil, aparte de los elementos comunes a ambas (acción u omisión voluntaria pero no dolosa, daño, nexo causal y falta de previsión debida), es imprescindible la concurrencia de un factor normativo o externo, representado por la infracción del deber objetivo de cuidado. Por otro lado, que las infracciones culposas se distinguen entre sí por la intensidad y relevancia de la previsión y diligencia dejada de observar, bajo cuyo criterio el CP tipifica y sanciona dos modalidades, la grave o temeraria y la leve o constitutiva de simple falta, suponiendo ésta última una conducta ligera y de imprevisión venial, por falta de atención bastante.

Recuerda que es mayoritaria la posición de nuestras Audiencias Provinciales de considerar a las colisiones por alcance con resultado de lesiones hechos despenalizados cuando se trate de accidentes acaecidos en zonas urbanas, circulando los vehículos intervinientes a escasa velocidad y deberse la colisión a ligeras desatenciones o despistes que no justifican la actuación del reproche penal. Se considera en tal caso que, ni la infracción del deber de cuidado, ni la imprudencia tienen entidad suficiente para rebasar el ámbito de la culpa civil extracontractual a que se refiere el art. 1902 Cc.

Y en el caso, el accidente se acomoda, ciertamente, a tales criterios. La colisión se produce en el casco urbano de Burgos y a escasa velocidad. Es claro que la colisión fue provocada por la falta de atención en la conducción del denunciado, pero por la escasa entidad de lo acontecido, como lo demuestran los daños mínimos habidos en el turismo del denunciante y nulos en el vehículo del denunciado, y el hecho reconocido por el denunciante de que se bajase para extender el parte amistoso de accidentes sin intención de interponer denuncia alguna -hasta que el acusado pasó de largo-, determina la atipicidad penal de la imprudencia, debiendo dilucidarse las responsabilidades civiles por lesiones y daños ante la jurisdicción civil ordinaria mediante el ejercicio de las acciones civiles que a los perjudicados correspondan, y ello en virtud del principio de intervención mínima y el carácter fragmentario y subsidiario del derecho penal, que debe reservarse para los ataques más graves contra la seguridad del tráfico.

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