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Delito contra la salud pública. El hecho de ser conocedor de la existencia de una actividad ilegal relacionada con el tráfico de drogas no equivale a estar implicado en la misma

Sentencia del Tribunal Supremo de 15 de noviembre. Recurso nº 198/2012. Ponente: Excmo Sr. D. Perfecto Agustín Andrés Ibánez.

Estimatoria. La hipótesis de que el acusado, como empleado de confianza, fuera conocedor de las actividades ilegales de su principal, y que, sin embargo, no estuviera una participación en el negocio criminal, no es en absoluto inviable, y podría, perfectamente, haberse dado.

 

FJCO CUARTO (…) “Lo cierto es que en su discurso sobre la prueba relativa a este acusado y recurrente, la sala entiende que el mismo: a ) era conductor de " Anibal "; b) actuó como tal con ocasión de las citas a las que se ha aludido; c ) debió conocer lo que se habló en ellas. Para luego concluir, como lo hace en los hechos, en el sentido de que estuvo presente en el primer encuentro (pero ) "para preparar la traída de la cocaína". De donde resulta que el hecho de simplemente conocer (porque "no quita") se convierte, sin que conste la razón, en una implicación relevante y activa en el tráfico ilegal.
 
Y así es, porque, siguiendo el hilo del discurso de la sala en los términos que, con fidelidad, acaban de exponerse, es clara la existencia en él de un salto lógico. En efecto, ya que, como cabe observar, lo que la misma infiere realmente -(porque así lo expresa) de la circunstancia de que Carlos Alberto (conductor al servicio de " Anibal ") hubiera trasladado a éste en el auto en dos ocasiones para encontrarse con " Mariano
", acompañándolos durante tales encuentros; y llevado y recogido a " Mariano " en el aeropuerto- es que conocía el motivo de la relación entre ambos. Cuando luego sucede que, inopinadamente, ese hasta aquí simple conocimiento se transforma en algo cualitativamente tan distinto como la participación en el negocio criminal de referencia.
 
Por tanto, no cabe duda, hay una manifiesta incoherencia -por extralimitación no justificada- entre la conclusión de los hechos probados y el razonamiento probatorio de sustento, a partir de los indicios, valorables en principio como de cargo, existentes; con la consiguiente quiebra de la racionalidad del curso argumental, y del propio principio de presunción de inocencia como regla de juicio, que exige que toda conclusión condenatoria se halle correctamente soportada por las premisas.
 
De otra parte, si del terreno de la lógica se pasa al de la experiencia, la hipótesis de un empleado de confianza, conocedor de las actividades ilegales de su principal, que, sin embargo, no estuviera implicado en ellas, no es en absoluto implausible, y podría, perfectamente, haberse dado. Y sabido es que ese mero conocimiento, incluso acompañado de acciones neutrales como, aquí, las propias del conductor que era Carlos Alberto, carecería de relevancia criminal. Por otra parte, y, en fin, la eliminación de Carlos Alberto del contexto de las acciones determinantes del resultado ilegal no deja ningún vacío, lo que abunda en la evidencia de su falta de protagonismo.”
 




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