Error en la ejecucion

Error en la ejecucion

Última actualización de en David Padrón

Categorías: Derecho Penal

Fecha: 5 Mayo 1998
Recurso Núm. 363/1997
Ponente: Vega Ruiz, José Augusto de.


Según el relato histórico de lo acaecido, esa muerte naturalmente que no entraba en los planes de los acusados y se propició cuando se quiso rematar a la persona que finalmente sobrevivió a pesar de los cuatro disparos que recibió, suceso que por otro lado dio lugar a la consideración de un homicidio en grado de frustración. El motivo plantea por eso la cuestión del « error en la ejecución » o aberratio ictus, también denominado « error en el golpe » . El acusado Tomás R. D. dio muerte, por ese error, al que inicialmente era también agresor.
Son muchas las consideraciones que se han hecho al respecto por la doctrina, pocas en la jurisprudencia porque pocas han sido las situaciones tratadas por o traídas al TS (ver las SS 3 Abr. 1992, 30 Jun. 1993 y 8 Mar. 1995).
La tesis final que ese error puede originar jurídicamente lleva inexcusablemente a lo que antes se ha dicho respecto del dolo eventual. De igual forma, y en cuanto al error, tanto el error in personam como el aberratio ictus son irrelevantes, por puramente accidentales, que no influyen en la culpabilidad, precisamente por la equiparación entre sendos errores, entre el error en el golpe y el error en la persona.
El error en la persona tiene verdaderamente, pero en principio, un significado distinto al error en el objeto, porque mientras que aquél pretende, por lo que al homicidio se refiere, privar de la vida a una persona, aun cuando se equivoque en la identificación nominatum, en el segundo en cambio no se desea directamente la muerte del occiso, aunque, por error en la ejecución material del destinatario de la acción violenta, sea alguien distinto de aquel al que dicha acción iba dirigida. Es cierto que la representación del resultado actúa lógicamente como elemento indispensable del dolo pues sin esa representación no puede concebirse la intención de producirlo. Pero la equivocación no influirá en la culpabilidad si en lo esencial el dolo, la representación del resultado, la intención o el deseo del sujeto activo se mueve dentro del ilícito criminal.
El error en la persona es meramente accidental y así lo entendió la antigua jurisprudencia (S 23 Abr. 1934), salvo que, excepcionalmente, la agresión contra el sujeto pasivo convirtiera el hecho en un delito diferente. El error en el objeto mayoritariamente es considerado como semejante al anterior. No en balde, tal ha sido dicho, la acción quiere matar y se dirige contra la persona deseada, a pesar de que la equivocación material culmine y se consuma respecto de otra.
La identificación de ambos errores con el dolo eventual no oculta sin embargo las discrepancias jurídicas que han existido al respecto. Se ha hablado, siempre en torno al error de ejecución, del concurso entre un delito frustrado y otro culposo, es decir entre el delito pretendido y no logrado de un lado, y el producido pero no querido por el agente de otro. Se ha impuesto, insistimos, la irrelevancia del error ya que no puede negarse la existencia, en cualquier caso, de un ánimo general de matar ( « se ha querido matar a un hombre en frase suficientemente expresiva » ).
El motivo se ha de rechazar. Por encima de cualquier disquisición jurídica el dolo eventual es manifiesto. Si se disparó con un arma de fuego contundente, a muy corta distancia, ya en la penumbra de la habitación y en el entorno de un auténtico caos, es evidente que el recurrente, experto en armas, tenía que conocer de las consecuencias de su acción cuando dispara sobre las dos personas (el fallecido y aquella a la que se quería matar) que forcejeaban. En esa confusión aceptó hipotéticamente las consecuencias totales, aunque distintas, de su intención criminal, dolo eventual no cabe duda que reforzado con la conducta posterior del acusado que no hace nada para atender al que, gravemente herido, iba a fallecer seguidamente.
Quiere decirse pues que, bien por el dolo eventual, bien por el error en el golpe, la responsabilidad penal del acusado Tomás R. D. es consecuencia de sus actos. Lo que ocurre es que la teoría del dolo eventual puede aquí ser sustituida, por innecesaria, por la contundencia de cuanto la aberratio ictus representa.

Navegación

¡Consejos!

¿Tienes dudas sobre alguna materia concreta? Pregunta mediante una discusión en los grupos especializados.