Arrebato. Requisitos.

Arrebato. Requisitos.

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Categorías: Derecho Penal

Sentencia: 129/ 2007
fecha: 22/02/2007
Ponente: Andrés Martínez Arrieta
Recurso: 1423/2006

RESUMEN: Arrebato.


TERCERO.- En un segundo apartado de la impugnación
denuncia la indebida aplicación de la atenuante prevista en el art. 21.3
del Código penal, la atenuante de arrebato, que ha sido aplicada en los
hechos, reflejando una menor culpabilidad en la acción.

Recordamos el hecho probado, en lo atinente a la
aplicación de la atenuación. En el hecho se relata la existencia de un
acometimiento entre distintas personas y lo encargados de seguridad de una
discoteca, en el curso de la cual, uno de los clientes blandió una muleta
con ánimo de agredir a uno de los vigilantes que logró arrebatarla y trató
de golpear con ella al que previamente la había utilizado, quien pudo
esquivar el golpe, en tanto que el perjudicado, ajeno a los hechos, y que
se dirigía a la discoteca para evitar los hechos, recibió el impacto en la
cabeza sufriendo las lesiones que se declaran probadas.

Arguye el recurrente que no es posible la aplicación de la
atenuación al no describirse un estado de ofuscación ni una reacción a un
comportamiento previo de la víctima.

La jurisprudencia de esta Sala considera que el arrebato
consiste en una reacción momentánea que los seres humanos experimentan
ante estímulos poderosos que producen una perturbación honda del espíritu,
ofusca la inteligencia y determina a la voluntad a obrar irreflexivamente
(STS 402/2001, de 8 de marzo). La obcecación, es una modalidad pasional de
aparición mas lenta que el arrebato pero de mayor duración. Desde la
interpretación jurisprudencial se exige que los estímulos han de ser
importantes de manera que permitan explicar la reacción, debiéndose
resaltar que se expresa que el estímulo explique, no justifique, la
reacción, para destacar el componente subjetivo de la atenuación. Se
requiere que el estímulo provenga de la víctima, y que éste no suponga un
acto que deba ser legalmente acatado. En orden a la reacción, ésta debe
ser proporcional entre el estímulo y el comportamiento del sujeto, no
admitiéndose como atenuante en los supuestos de reacciones
desproporcionadas.

La definición de la atenuación parte de la existencia de
estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación u otro
estado pasional de entidad semejante. En su comprensión ha de descartarse
la conceptuación diferenciada de cada estado. Lo relevante es la
constatación de un estado de ánimo en el que puede verse sumido una
persona, a causa de un estímulo ajeno y que le coloque en un estado de
reducción de su imputabilidad lo suficientemente relevante para la
declaración de la atenuación. En términos de la STS de 29.12.1989, el
estado pasional que refiere el texto de la atenuación contempla una
genérica alusión que ha de ser entendida como perturbación desordenada del
ánimo con cierta persistencia, equiparable en su magnitud e intensidad con
los estados anímicos específicamente reseñados en la atenuación,
caracterizados por la afectación transitoria de las capacidades ya
intelectivas, ya volitivas, del sujeto que las padece.

El problema principal que plantea esta atenuación radica
en la configuración de su espacio de reducción de la culpabilidad. Es
claro que tratándose de una atenuación de carácter subjetivo es difícil
establecer criterios apriorísticos de delimitación, por lo que es preciso
abordar la delimitación desde un marcado relativismo. Parece claro que el
límite superior radica en la consideración de la perturbación anímica como
constitutiva de un trastorno mental transitorio, como eximente completa o
incompleta o la propia consideración de la atenuación de estado pasional
como muy calificada. La delimitación con la simple atenuación no puede ser
apriorísticamente señalada, si bien desde pronunciamientos
jurisprudenciales se ha tratado de justificar desde dos criterios,
cuantitativos y cualitativos, atendiendo a la intensidad y magnitud de la
perturbación. El criterio cuantitativo nos servirá, sobre todo, para la
diferenciación entre la atenuante simple y la calificada, en tanto que el
cualitativo, derivado de la concurrencia de algún tipo de patología o
anomalía psíquica, determinará la diferencia entre la atenuación y la
exención, completa o incompleta, pues el estado pasional asociado a una
anomalía psíquica, que potencie, respectivamente, sus efectos, podrá
servir de presupuesto a la exención completa o incompleta. El límite
inferior, la diferenciación entre los estados de ánimo y la causa de la
atenuación, es de difícil determinación. Con anterioridad a la reforma del
Código de 1.983, la atenuación establecía en su definición que los
estímulos debían ser tan poderosos que "naturalmente" hubieran producido
arrebato u obcecación. Esta exigencia señalaba claramente que el criterio
delimitador entre la atenuación y su no consideración como atenuante se
establecía a través de la reacción "normal" del hombre medio, la reacción
que procediera en la generalidad de las personas ante un estímulo
semejante. El criterio de medición se objetivaba a través de la
generalidad de las personas, criterio que ha desaparecido tras la reforma
de 1983. La diferenciación con una situación de normalidad parte de
considerar, en primer término, la levedad de la afectación, esto es, la
delimitación por la intensidad de la afectación. En términos generales,
conviene señalar que el estado pasional que reduce la consecuencia parte
de considerar una afectación de la imputabilidad, esto es, de la capacidad
de comprender la ilicitud y de actuar conforme a la exigencia de la norma.
Ello requiere que la atenuación se apoye en una afectación de las
capacidades expuestas, la cognitiva y la de control de la conducta. Otro
criterio de configuración del límite es la desproporcionalidad entre el
estímulo recibido y la conducta realizada. Cuando la respuesta sea
desproporcionada a la entidad del estímulo, podremos negar la aplicación
de la atenuación.

En el sentido indicado la jurisprudencia de la Sala II ha
negado la concurrencia de la atenuación a supuestos de acaloramiento, de
existencia de anteriores resentimientos entre familias, el nerviosismo de
la situación, la existencia de animosidad, o de actuaciones en despecho.
Un tercer criterio, viene dado por la propia dicción de la atenuación al
exigir una procedencia externa, la existencia de un estímulo o una causa.
El presupuesto de la existencia de un estímulo, mas el de la causa,
incorporado en la reforma de 1983, obliga a considerar que el
desencadenante pues de provenir de la propia víctima o de algo ajeno a la
situación relacional entre el imputado y la víctima, objetivando el
contenido exógeno, no sólo residenciado en la víctima, sino que pudiera
provenir de una relación ajena a la existente entre agresor y víctima. Un
cuarto límite de diferenciación es la exigencia de licitud. Este criterio
ha sido objeto de vivas discusiones. La exigencia de que el arrebato y la
obcecación y, en general, el estado pasional tuviera fuera lícito, o
ético, o moralmente irreprochable tenía un doble fundamento. En primer
lugar porque la atenuación, antes de la reforma de 1.983, exigía que el
estado pasional fuera producto "natural" del estímulo, es decir, era
interpretado como sinónimo de pasión normalizada y de carácter positivo
para la sociedad. De otra, porque se consideraba que la atenuación, el
tratamiento a favor del responsable penal debía ampararse en un
sentimiento que afiance la convivencia. Por el contrario, parte de la
doctrina entendía que, al tratarse de una atenuación de carácter subjetivo
no era posible entrar en la eticidad de la conducta, siendo lo relevante
que el responsable actuó con menor imputabilidad sin establecer un juicio
sobre los móviles de su actuación. A ello ha de añadirse que desde la
consideración del derecho penal como instrumento de control social
formalizado, no procede entrar en la valoración de la concurrencia de
normas morales en el caso concreto, resultando preciso que el actuar
pasional no contradiga la conciencia jurídica y los principios básicos de
convivencia, expresados en la Constitución como valores de la convivencia
social.

Un último criterio de diferenciación es de carácter
temporal, la exigencia de proximidad en el tiempo. Es este un requisito
jurisprudencial nacido de un criterio empírico. En la medida en que el
transcurso del tiempo permite racionalizar las situación pasional, la
jurisprudencia ha exigido una cierta cercanía temporal entre la causa o
estímulo desencadenante y la reacción pasional, haciendo desaparecer todo
vestigio de venganza que comprometa la perturbación atenuadora.

En la jurisprudencia se siguen, básicamente los anteriores
asertos. La circunstancia atenuante que bajo el núm.3 del art. 21
contempla el Código Penal de 1995, tiene una doble manifestación, una
emocional, fulgurante y rápida, que constituye el arrebato, y otra
pasional, de aparición más lenta, pero de mayor duración, que integra la
obcecación. En ambas modalidades precisa para su estimación que haya en su
origen un determinante poderoso de carácter exógeno o exterior y de
entidad suficiente para desencadenar un estado anímico de perturbación y
oscurecimiento de sus facultades psíquicas con disminución de las
cognoscitivas o volitivas del agente, o ambas, atendiendo tanto a las
circunstancias objetivas del hecho como a las subjetivas que se aprecien
en el infractor al tiempo de la ejecución, de manera que, sin alcanzar la
cualidad propia del trastorno mental transitorio completo o incompleto,
exceda del leve aturdimiento que suele acompañar a ciertas infracciones.
Además, tales estímulos no han de ser repudiados por las normas
socioculturales que rigen la convivencia social y deben proceder del
precedente comportamiento de la víctima, con una relación de causalidad
entre los estímulos y el arrebato u obcecación, y una conexión temporal,
sino inmediatos sí próximos, entre la presencia de los estímulos y el
surgimiento de la emoción o pasión.(SSTS 3-5-88, 30-6-89, 27-3-90 y 28-5-
92).

En efecto, la STS núm. 1237/92, de 28 de mayo, señala
precisamente que la apreciación de la circunstancia es incompatible con
aquellos casos en los que la impulsividad obedece a irascibilidad o al
carácter violento (Sentencia de 11 de abril de 1981, entre otras) del
sujeto activo, o cuando el estímulo es imaginario, putativo o malsano.

Es preciso también que en el entorno social
correspondiente no sean tales estímulos repudiados por la norma
socio-cultural imperante, lo que significa que la actuación del agente se
ha de producir dentro de un cierto sentido ético ya que su conducta, y sus
estímulos, no pueden ser amparados por el Derecho cuando se apoyen en una
actitud antisocial reprobada por la conciencia social imperante.

Y finalmente, las causas motivadoras de esa ofuscación de
la mente han de ser poderosas como las apreciadas por la STS 1290/95 de 20
de diciembre, donde hubo una "violencia totalmente gratuita contra el
cliente de una discoteca que, despertado violentamente, se vio sometido a
una paliza y a un trato especialmente humillante, máxime para una persona
de 49 años, un pacífico trabajador sin antecedentes penales, que produjo
como consecuencia un importante arrebato que propició una conducta de
respuesta en la que actuó con sus facultades intelectivas y volitivas
notablemente disminuidas". STS 27.2.2004.

Desde la perspectiva expuesta, el recurso debe ser
estimado. El condenado formaba parte de la seguridad especialmente
dispuesto por el centro de ocio para prevenir situaciones como la que se
declara probado. Incluso, ante el cariz de la reyerta se declara probado
que se dispuso una barrera de personas encargadas de la seguridad para
impedir los altercados. Cuando estos se producen es el acusado el que
reprende, de manera desproporcionada, la agresión de un tercero,
blandiendo una muleta y dirigiéndola a uno de los intervinientes en la
pelea que intentó agredirle, con tan poca fortuna para el definitivamente
perjudicado, que, sin haber intervenido en la reyerta, se ve golpeado por
la acción del condenado, con tal intensidad que le produjo las graves
lesiones que se declaran probados. No concurren pues los presupuestos de
la atenuación y el motivo debe ser estimado, pues desde el hecho no se
describen los elementos de la atenuación anteriormente expuestos. No se
encontraba en una situación de menor imputabilidad cuando el dispositivo
diseñado no funciona, sin que esa funcionalidad del sistema diseñado le
permita la utilización de un medio desproporcionado, máxime cuando el
golpe es recibido por un tercero ajeno a la reyerta, en un supuesto de
"aberratio ictus" irrelevante en la subsunción.

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