Arrebato, elementos para su apreciacion.

Arrebato, elementos para su apreciacion.

Última actualización de en David Padrón

Categorías: Derecho Penal

Sentencia nº: 735/2007
Recurso nº: 10176/2007
fecha: 18/09/2007


RESUMEN: Arrebato, elementos para su aplicación.

CUARTO.- En el quinto de los motivos denuncia el error de derecho
por la inaplicación de los arts. 20.4, en relación con el 21.3 del Código
penal.

El motivo carece de desarrollo argumental sobre el contenido de
los preceptos que dice infringidos.
Tampoco refiere una situación que genere arrebato u obcecación, los
estados pasionales a los que se refiere la atenuante del art. 21.3 Cp. En
nuestros precedentes jurisprudenciales, hemos considerado al arrebato como
una reacción momentánea experimentada ante estímulos poderosos que
producen una perturbación honda del espíritu, ofusca la inteligencia y
determina a la voluntad a obrar irreflexivamente (STS 402/2001, de 8 de
marzo), en tanto que la obcecación es una modalidad pasional de aparición
más lenta que el arrebato pero de mayor duración.

En la reforma del Código penal de 1983 se suprimió el adverbio
"naturalmente", y se refundieron las entonces atenuantes existentes, con
lo que se propició una naturaleza mas subjetiva de la atenuante y su
residencia en la imputabilidad. Las exigencias de carácter preventivo
general se sitúan sobre la exigencia del estímulo, requiriendo una
relevante intensidad de los estímulos generadores de los estados
pasionales y analizando las características y la proporcionalidad de la
reacción frente al estímulo.

Con carácter general, se exige que los estímulos han de ser
importantes de manera que permitan explicar la reacción y, en este sentido
ha de notarse que la dicción de la atenuante exige que el estímulo
explique, no justifique, la reacción. Se requiere que el estímulo provenga
de la víctima, y que éste no suponga un acto que deba ser legalmente
acatado. En orden a la reacción, ésta debe ser proporcional entre el
estímulo y el comportamiento del sujeto, no admitiéndose como atenuante en
los supuestos de reacciones desproporcionadas.

La declaración de concurrencia de un estado pasional típico de la
atenuación se predica con independencia de la sanidad o insanidad mental
del sujeto. Es habitual que estos estados concurran en personas que
adolecen de ciertas patologías psíquicas que darán un contorno distinto a
la atenuación. Así una base de anomalía psíquica asociada a un estado
pasional no hace sino exacerbar los efectos en la imputabilidad del sujeto
que la padece. Baste recordar, en este sentido, las construcciones
psiquiátricas sobre el estado pasional derivado de los celos, la
celotipia, que permite diversas denominaciones en función de la
concurrencia de una anomalía psíquica, de manera que su concurrencia
produce distintas situaciones, como celos psicológicamente normales,
morbosos, delirantes y psicóticos, y, correlativamente, la posibilidad de
distintos declaraciones de culpabilidad, plena, reducida o inexistente.

El fundamento de la atenuación radica en una disminución
transitoria de la imputabilidad. La transitoriedad deriva de que la
reacción pasional debe ser transitoria para evitar su catalogación como
anomalía psíquica.

La dificultad en la construcción de esta atenuante radica, sobre
todo, en la configuración de su espacio de reducción de la culpabilidad.
Es claro que tratándose de una atenuación de carácter subjetivo es difícil
establecer criterios apriorísticos de delimitación, por lo que es preciso
abordar la delimitación desde un marcado relativismo. Parece claro que el
límite superior radica en la consideración de la perturbación anímica como
constitutiva de un trastorno mental transitorio, como eximente completa o
incompleta o la consideración de la atenuación de análoga significación a
las anteriores. El límite inferior, la diferenciación entre los estados de
ánimo y la causa de la atenuación, es de difícil determinación. Con
anterioridad a la reforma del Código de 1.983, la atenuación establecía en
su definición que los estímulos debían ser tan poderosos que
"naturalmente" hubieran producido arrebato u obcecación. Esta exigencia
señalaba claramente que el criterio delimitador entre la atenuación y su
no consideración como atenuante se establecía a través de la reacción
"normal" del hombre medio, la reacción que procediera en la generalidad de
las personas ante un estímulo semejante. El criterio de medición se
objetivaba a través de la generalidad de las personas, criterio que ha
desaparecido tras la reforma de 1983.

La diferenciación con una situación de normalidad parte de
considerar, en primer término, la levedad de la afectación, esto es, la
delimitación por la intensidad de la afectación. En términos generales,
conviene señalar que el estado pasional que reduce la consecuencia parte
de considerar una afectación de la imputabilidad, esto es, de la capacidad
de comprender la ilicitud y de actuar conforme a la exigencia de la norma.
Ello requiere que la atenuación se apoye en una afectación de las
capacidades expuestas, la cognitiva y la de control de la conducta.

Otro criterio de configuración del límite es la
desproporcionalidad entre el estímulo recibido y la conducta realizada.
Cuando la respuesta sea desproporcionada a la entidad del estímulo,
podremos negar la aplicación de la atenuación. En el sentido indicado la
jurisprudencia de la Sala II ha negado la concurrencia de la atenuación a
supuestos de acaloramiento, de existencia de anteriores resentimientos
entre familias, el nerviosismo de la situación, la existencia de
animosidad, o de actuaciones en despecho.

Un tercer criterio, viene dado por la propia dicción de la
atenuación al exigir una procedencia externa, la existencia de un estímulo
o una causa. El presupuesto de la existencia de un estímulo, mas el de la
causa, incorporado en la reforma de 1983, obliga a considerar que el
desencadenante ha de provenir de la propia víctima o de algo ajeno a la
situación relacional entre el imputado y la víctima, objetivando el
contenido exógeno, no sólo residenciado en la víctima, sino que pudiera
provenir de una relación ajena a la existente entre agresor y víctima.

Un cuarto límite de diferenciación es la exigencia de licitud. La
exigencia de que el arrebato y la obcecación y, en general, el estado
pasional tuviera fuera lícito, o ético, o moralmente irreprochable tiene
un doble fundamento. En primer lugar por que la atenuación, antes de la
reforma de 1.983, exigía que el estado pasional fuera producto "natural"
del estímulo, es decir, era interpretado como sinónimo de pasión
normalizada y de carácter positivo para la sociedad. De otra, porque se
considera que la atenuación, el tratamiento a favor del responsable penal
debía ampararse en un sentimiento que afiance la convivencia. La exigencia
de una cierta acomodación de la causa del estado pasional con el
ordenamiento alcanza mayor relevancia si la examinamos en cada caso
concreto y en relación con el tipo penal objeto de la sentencia. Desde
esta perspectiva resulta difícil admitir la atenuación en un delito de
violencia familiar por una situación alegada de "stress" derivado de la
situación de separación conyugal, pues sería contrario al ordenamiento
jurídico con sus recientes incorporaciones en este aspecto de la
antijuridicidad..

De cuanto llevamos señalado resulta preciso que el actuar pasional
no contradiga la conciencia jurídica y los principios básicos de
convivencia, expresados en la Constitución como valores de la convivencia
social.

Un último criterio de diferenciación es de carácter temporal, la
exigencia de proximidad en el tiempo. Es este un requisito jurisprudencial
nacido de un criterio empírico. En la medida en que el transcurso del
tiempo permite racionalizar las situación pasional, la jurisprudencia ha
exigido una cierta cercanía temporal entre la causa o estímulo
desencadenante y la reacción pasional, haciendo desaparecer todo vestigio
de venganza que comprometa la perturbación atenuadora.

A estos criterios se ha sujetado nuestra jurisprudencia. Así, en
la STS 27.2.2004, señala precisamente que la apreciación de la
circunstancia es incompatible con aquellos casos en los que la
impulsividad obedece a irascibilidad o al carácter violento (Sentencia de
11 de abril de 1981, entre otras) del sujeto activo, o cuando el estímulo
es imaginario, putativo o malsano. Es preciso también que en el entorno
social correspondiente no sean tales estímulos repudiados por la norma
socio-cultural imperante, lo que significa que la actuación del agente se
ha de producir dentro de un cierto sentido ético ya que su conducta, y sus
estímulos, no pueden ser amparados por el Derecho cuando se apoyen en una
actitud antisocial reprobada por la conciencia social imperante. Y
finalmente, las causas motivadoras de esa ofuscación de la mente han de
ser poderosas como las apreciadas por la STS 1290/95 de 20 de diciembre,
donde hubo una "violencia totalmente gratuita contra el cliente de una
discoteca que, despertado violentamente, se vio sometido a una paliza y a
un trato especialmente humillante, máxime para una persona de 49 años, un
pacífico trabajador sin antecedentes penales, que produjo como
consecuencia un importante arrebato que propició una conducta de respuesta
en la que actuó con sus facultades intelectivas y volitivas notablemente
disminuidas".. En el mismo sentido la STS de 26.12.2002, que excluye la
aplicación de la atenuación a las situaciones que denomina de "stress
familiar".

En la S.T.S. 1136/00 se afirma que deben ponderarse los requisitos
de temporalidad y proporcionalidad. Así, en cuanto al primero, en la
relación causa-efecto entre el estímulo desencadenante y la conducta ha de
darse una conexión temporal, de tal manera que no es susceptible de
aplicación cuando transcurra cierto tiempo que pueda ser apreciado como
causa eliminatoria de la efectividad del estímulo, refiriéndose por ello
la Jurisprudencia a la inmediatez o propincuidad (S.T.S. de 11/3/97 y las
numerosas S.S. recogidas en la misma). Por lo que hace a la
proporcionalidad, el exceso de la reacción, como sucede patentemente en el
caso de autos, también impide la estimación de la disminución de la
imputabilidad en que la atenuante se resuelve, de forma que no cabe su
estimación cuando se trata de una respuesta desproporcionada. STS
12.7.2004. En el mismo orden, la STS 13.3.2003, declara que "no es posible
otorgar efectos atenuatorios a cualquier reacción pasional o colérica si
no está contrastada la importancia del estímulo provocador del disturbio
emocional en que el arrebato consiste y que ha de tener influencia
menguante sobre la voluntad e inteligencia del autor para cuya adecuada
valoración se toman en cuenta una serie de factores como son que:
a) Los estímulos en general han de proceder de la persona que resulta
después ser víctima de la agresión.
b) Que la activación de los impulsos ha ser debida a circunstancias no
rechazables por las normas socioculturales de convivencia.
c) Que tiene que existir una razonable conexión temporal entre la causa o
el estímulo y la emoción o la pasión con la que se ha actuado (STS
13-3-03). Y, en el mismo sentido, la STS 256/2002, de 13 de febrero,: la
actividad de los impulsos ha de ser debida a circunstancias rechazables
por las normas socioculturales de convivencia. Y la STS 218/2003, de 18 de
febrero: Para la apreciación de esta atenuante es exigible la
proporcionalidad, "lo que significa que el exceso de la reacción impide la
estimación de la disminución de la imputabilidad, de forma que no cabe la
misma cuando se trate de una respuesta desproporcionada".

En el caso objeto de la casación la conducta probada, que refiere
un supuesto de violencia de género, no merece la de un menor reproche por
causa de la separación matrimonial al no reunir los requisitos de
temporalidad, proporcionalidad y de afirmación del ordenamiento
anteriormente expuestos.

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