Celos. Estado Pasional

Celos. Estado Pasional

Última actualización de en David Padrón

Categorías: Derecho Penal

Nº de Recurso:11574/2008
Fecha Auto: 13/07/2009
Ponente Excmo. Sr. D.: Joaquín Giménez García
Resumen: Estado Pasional. Celos. Atenuante

Por otra parte y desde luego, en el relato fáctico no existe presupuesto alguno sobre una situación que genere arrebato u obcecación, los estados pasionales a los que se refiere la atenuante del art. 21.3 CP. La Audiencia siguiendo el criterio jurisprudencial descarta que los celos puedan ser considerados a esos efectos y repele razonadamente esa pretensión (ver FJ séptimo). Como hemos dicho, por ejemplo, en STS 735/2007, de 18 de septiembre, en nuestros precedentes jurisprudenciales, hemos considerado al arrebato como una reacción momentánea experimentada ante estímulos poderosos que producen una perturbación honda del espíritu, ofusca la inteligencia y determina a la voluntad a obrar irreflexivamente (STS 402/2001, de 8 de marzo), en tanto que la obcecación es una modalidad pasional de aparición más lenta que el arrebato pero de mayor duración.
Con carácter general, se exige que los estímulos han de ser importantes de manera que permitan explicar la reacción y, en este sentido, ha de notarse que la dicción de la atenuante exige que el estímulo explique, no justifique, la reacción. Se requiere que el estímulo provenga de la víctima, y que éste no suponga un acto que deba ser legalmente acatado. En orden a la reacción, ésta debe ser proporcional entre el estímulo y el comportamiento del sujeto, no admitiéndose como atenuante en los supuestos de reacciones desproporcionadas.
A estos criterios se ha sujetado nuestra jurisprudencia. Así, en la STS 27.2.2004, señala precisamente que la apreciación de la circunstancia es incompatible con aquellos casos en los que la impulsividad obedece a irascibilidad o al carácter violento (Sentencia de 11 de abril de 1981, entre otras) del sujeto activo, o cuando el estímulo es imaginario, putativo o malsano. Es preciso también que en el entorno social correspondiente no sean tales estímulos repudiados por la norma socio-cultural imperante, lo que significa que la actuación del agente se ha de producir dentro de un cierto sentido ético ya que su conducta, y sus estímulos, no pueden ser amparados por el Derecho cuando se apoyen en una actitud antisocial reprobada por la conciencia social imperante. Y finalmente, las causas motivadoras de esa ofuscación de la mente han de ser poderosas como las apreciadas por la STS 1290/95 de 20 de diciembre, donde hubo una "violencia totalmente gratuita contra el cliente de una discoteca que, despertado violentamente, se vio sometido a una paliza y a un trato especialmente humillante, máxime para una persona de 49 años, un pacífico trabajador sin antecedentes penales, que produjo como consecuencia un importante arrebato que propició una conducta de respuesta en la que actuó con sus facultades intelectivas y volitivas notablemente disminuidas".. En el mismo sentido la STS de 26.12.2002, que excluye la aplicación de la atenuación a las situaciones que denomina de "stress familiar".
En la S.T.S. 1136/00 se afirma que deben ponderarse los requisitos de temporalidad y proporcionalidad. Así, en cuanto al primero, en la relación causa-efecto entre el estímulo desencadenante y la conducta ha de darse una conexión temporal, de tal manera que no es susceptible de aplicación cuando transcurra cierto tiempo que pueda ser apreciado como causa eliminatoria de la efectividad del estímulo, refiriéndose por ello la Jurisprudencia a la inmediatez (S.T.S. de 11/3/97 y las numerosas S.S. recogidas en la misma). Por lo que hace a la proporcionalidad, el exceso de la reacción, como sucede patentemente en el caso de autos, también impide la estimación de la disminución de la imputabilidad en que la atenuante se resuelve, de forma que no cabe su estimación cuando se trata de una respuesta desproporcionada. (STS 12.7.2004). En el mismo orden, la STS 13.3.2003, declara que "no es posible otorgar efectos atenuatorios a cualquier reacción pasional o colérica si no está contrastada la importancia del estímulo provocador del disturbio emocional en que el arrebato consiste y que ha de tener influencia menguante sobre la voluntad e inteligencia del autor para cuya adecuada valoración se toman en cuenta una serie de factores como son que:
a) Los estímulos en general han de proceder de la persona que resulta después ser víctima de la agresión.
b) Que la activación de los impulsos ha ser debida a circunstancias no rechazables por las normas socioculturales de convivencia.
c) Que tiene que existir una razonable conexión temporal entre la causa o el estímulo y la emoción o la pasión con la que se ha actuado (STS 13-3-03). Y la STS 218/2003, de 18 de febrero: para la apreciación de esta atenuante es exigible la proporcionalidad, "lo que significa que el exceso de la reacción impide la estimación de la disminución de la imputabilidad, de forma que no cabe la misma cuando se trate de una respuesta desproporcionada".
En el caso objeto de la casación la conducta probada, no merece un menor reproche por causa de la separación matrimonial al no reunir los requisitos de temporalidad, proporcionalidad y razonabilidad anteriormente expuestos.
El motivo, pues, se inadmite de conformidad con lo dispuesto en el art. 885.1º LECrim.
SEGUNDO.- En el motivo segundo, formalizado al amparo del art. 850.1 LECrim., se invoca quebrantamiento de forma por denegación de prueba.
A) Considera cometido dicho vicio formal al denegar la Audiencia la prueba solicitada por la defensa en el escrito de calificación provisional consistente en la práctica de un reconocimiento psiquiátrico del acusado.
B) El derecho a utilizar medios de prueba tiene rango constitucional en nuestro derecho al venir consagrado en el artículo 24 de la Constitución, pero no es un derecho absoluto. Ya la Constitución se refiere a los medios de prueba “pertinentes”, de manera que tal derecho de las partes no desapodera al Tribunal de su facultad de admitir las pruebas pertinentes rechazando todas las demás (artículos 659 y 785 de la LECrim). El Tribunal Constitucional ha señalado reiteradamente que el artículo 24.2 CE no atribuye un ilimitado derecho de las partes a que se admitan y se practiquen todos los medios de prueba propuestos, sino sólo aquellos que, propuestos en tiempo y forma, sean lícitos y pertinentes (STC nº 70/2002, de 3 de abril). Por ello, el motivo podrá prosperar cuando la prueba, o la suspensión del juicio ante la imposibilidad de su práctica, se haya denegado injustificadamente, y cuando la falta de práctica de la prueba propuesta haya podido tener una influencia decisiva en la resolución del pleito (SSTC 50/1988, de 22 de marzo; 357/1993, de 29 de noviembre; 131/1995, de 11 de septiembre; 1/1996, de 15 de febrero y 37/2000, de 14 de febrero).
La jurisprudencia de esta Sala ha establecido una serie de requisitos, formales y materiales, para que este motivo pueda prosperar. Entre los primeros, las pruebas han de ser propuestas en tiempo y forma, de conformidad con las reglas específicas para cada clase de proceso. En segundo lugar, ante la resolución del Tribunal, que debe ser fundada, rechazando las que no considere pertinentes, o denegando la suspensión del juicio ante la imposibilidad de practicar en ese momento las previamente admitidas, quien ha propuesto la prueba debe hacer constar la oportuna protesta.
Como requisitos materiales, la prueba ha de ser pertinente, esto es, relacionada con el objeto del juicio y con las cuestiones sometidas a debate en el mismo; ha de ser lícita, es decir, respetuosa con los derechos y libertades fundamentales; ha de ser necesaria, es decir, que tenga utilidad para los intereses de defensa de quien la propone, de modo que su omisión le cause indefensión, porque tenga capacidad para afectar al fallo (STS nº 1289/1999, de 5 de marzo); y ha de ser posible, en atención a las circunstancias que rodean su práctica. (STS 344/2004 de 12 de marzo).
C) La prueba era innecesaria y fue correctamente rechazada por la Audiencia. En efecto, la prueba era reiterativa en cuanto que ya obraban en la causa varios informes psiquiátricos.
El inculpado fue reconocido por médico psiquiatra del Hospital Psiquiátrico Penitenciario de Alicante, que emite informe fechado el 23 de octubre de 2007, obrante a los folios 246 a 257 del Sumario, en el que se hace constar que el examinado no padece en el momento actual ni en su pasado ninguna patología psiquiátrica mayor.
Posteriormente, en diciembre de 2007, los médicos forenses de la Clínica Forense del Instituto de Medicina Legal, reconocen nuevamente al inculpado y concluyen que no se aprecian síntomas de patología psíquica que modifiquen la imputabilidad del sujeto, en informe obrante a los folios 302 y 303 del Sumario que fue ratificado en plenario, donde la defensa tuvo ocasión de preguntar y solicitar las aclaraciones que considerase oportunas.

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