Estado pasional e intento suicidio posterior

Estado pasional e intento suicidio posterior

Última actualización de en David Padrón

Categorías: Derecho Penal

Sentencia Nº: 424/2010
RECURSO CASACION (P) Nº:11444/2009 P
Fecha Sentencia: 27/04/2010
Ponente Excmo. Sr. D.: José Manuel Maza Martín

Resumen: Atenuante de estado pasional y intento suicidio posterior. Inaplicación

C) Mientras que en lo relativo a la ausencia de la circunstancia atenuante de estado pasional (art. 21.3ª CP), alegato contenido en el motivo Tercero del Recurso, no es posible sostener la aplicación de una tal circunstancia pues, aunque se afirme que el hecho de que el recurrente intentase acabar con su vida inmediatamente a la ejecución del asesinato contra su esposa fuese prueba evidente, si no tanto de su arrebato pues los cuidadosos preparativos de la acción delictiva excluyen tal figura atenuatoria que exige una “…pérdida momentánea del dominio sobre sí mismo…” (STS de 22 de Octubre de 2001), sí al menos de una ofuscación, lo cierto es que, como ya dijera la STS de 1 de Diciembre de 2004 en supuesto muy semejante a éste que nos ocupa, aunque en aquel incluso los resultados fueron menos graves que en éste:
“Respecto a la atenuante del art. 21.3 CP de obrar por causas y estímulos tan poderosos que hayan producido arrebato, obcecación o estado pasional que el recurrente fundamenta en el estado ansioso-depresivo, la ruptura no aceptada de la relación sentimental la necesidad de tener que salir del domicilio en el que residía por exigencia expresa de la denunciante la falta de dialogo y comunicación y el vacío más absoluto por parte de laque había sido su pareja sentimental y por la que lo había dejado y la necesidad de tener que regresar a Barcelona, ya que en Valencia no tenia familiares ni amigos.
El motivo se desestima.
La circunstancia aludida que bajo el núm. 3 art.21 contempla el CP. 1995 tiene una doble manifestación –que el recurrente no concreta– una emocional, fulgurante y rápida, que constituye el arrebato, y otra pasional, de aparición más lenta, pero de mayor duración, que integra la obcecación.
En ambas modalidades precisa para su estimación que haya en su origen un determinante poderosos de carácter exógeno o exterior y de entidad suficiente para desencadenar un estado anímico de perturbación y oscurecimiento de sus facultades psíquicas con disminución de las cognoscitivas o volitivas del agente, de modo que sin alcanzar la cualidad propia del trastorno mental transitorio completo o incompleto, exceda del leve aturdimiento que suele acompañar a ciertas infracciones ( SSTS 1385/98 de 17.11, 59/2002 de 25.1).
Igualmente si no está contrastada la importancia del disturbio provocador, del disturbio emocional en que el arrebato consiste y que ha de tener influencia menguante sobre la voluntad e inteligencia del autor a partir de una razonable conexión temporal entre la causa o el estimulo y la equivocación o la pasión con la que se ha actuado ( STS 267/01 de 23.1), ni deja de exigir una cierta proporcionalidad entre la causa o estimulo y la reacción (STS 1483/2000 de 6.10), calificando la atenuante como «la más subjetivamente matizada», pero «sin desdeñar aspectos objetivos atinentes a la índole y potencialidad de los estímulos, por exigencia de una razonable adecuación reaccional». Como regla general «el estimulo ha de ser tan importante que permita explicar (que no justificar) la reacción concreta que se produjo. Si esta reacción es algo absolutamente discordante, por exceso notorio, respecto del hecho motivador, no cabe aplicar la atenuación» ( STS 256/02 de 13.2).
Además, tales estímulos no han de ser reprochados por las normas socio-culturales que rigen la convivencia social y deben proceder del precedente comportamiento de la víctima, con una relación de causalidad entre los estímulos y el arrebato u obcecación y una conexión temporal, sino inmediatos si próximos, entre la presencia de los estímulos y el surgimiento de la emoción o pasión (SSTS 1110/96 de 20.12, 1479/99 de 18.10).
Es preciso también que en el entorno social correspondiente no sean tales estímulos repudiados por la norma socio-cultural imperante, lo que significa que la actuación del agente se ha de producir dentro de un cierto sentido ético ya que su conducta y sus estímulos, no pueden ser amparada por el Derecho cuando se apoyan en una actitud antisocial reprobada por la conciencia social imperante.
En este sentido la STS 25.07.2000 es esclarecedora en una situación similar, al señalar:
«El desafecto o el deseo de poner fin a una relación conyugal o de pareja no puede considerarse como un estimulo poderoso para la parte contraria y no tiene eficacia para sustentar una posible atenuante de arrebato u obcecación.
La ruptura de una relación constituye una incidencia que debe ser admitida socialmente, si tenemos en cuenta que las relaciones entre los componentes de la pareja se desenvuelven en un plano de igualdad y plenitud de derechos que inicialmente y dejando a salvo algunas variantes posibles, deben prevalecer en toda clase de relaciones personales. Por ello ninguna de las partes afectadas puede pretender que tiene un derecho superior a imponer su voluntad a la contraria, debiendo admitir que la vía para la solución del conflicto no puede pasar por la utilización de métodos agresivos, amenazas o coacciones.
La pretensión de reanudar a ultranza unas relaciones conyugales o de pareja, deterioradas por diferencias o enfrentamientos personales, no pueden llevarse hasta el extremo de utilizar la fuerza como único procedimiento para imponer la voluntad del agresor, quien se sitúa en el plano injustificable de la prepotencia y la superioridad no puede pretender que su conducta se vea beneficiada por un reconocimiento de la disminución de su imputabilidad o culpabilidad».”
Por otro lado, el hecho de la auto agresión, con fines suicidas, que el propio recurrente se aplicó tras cometer el hecho, tampoco evidenciaría, con la necesaria certeza, su estado de ánimo previo a la acción homicida, toda vez que tal conducta auto lítica también podría no haber sido consecuencia de su estado anímico precedente y sí reactiva a las consecuencias de su gravísimo acto.

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